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La gente de las paredes

─Las paredes esconden secretos ─dijo Emilio Rivera posando fijamente sus ojos negros en el que el cuadro de Da Vinci que tenía enfrente. Su voz sonaba casi tétrica como si estuviera a punto de contar un cuento de terror, aunque de lo que estaba por hablar no tenía nada de cuento. Se acomodó las mangas de su playera y volvió a hablar. 

─Las paredes pueden hablar, solo tienes que querer escucharlas. 

La doctora Smith frunció el ceño, acentuando aquella arruga que ya se le marcaba en la frente. Marian Smith era una parapsicóloga reconocida, probablemente una de las más reconocidas en el mundo. Aunque la parapsicología era una rama relativamente nueva, estaba cobrando cada vez más popularidad y reconocimiento; la ciencia estaba por aceptarla como otra ciencia más y mucho de ello se debía los trabajos de la doctora Smith y al caso de la familia Rivera.

─ ¿A qué te refieres Emilio? ─ Preguntó la doctora Smith con interés. Emilio posó sus ojos en ella algunos segundos, después volvió a observar el cuadro en la pared. 

─ Usted ya sabe a lo que me refiero, doctora ─ respondió secamente.

La doctora Smith asintió, expresó una ligera sonrisa y habló de nuevo.

─ Lo sé Emilio, pero necesito que lo vuelvas a contar. 

Emilio hizo una mueca de desagrado, por primera vez observó a las cámaras que lo estaban grabando, era la primera entrevista transmitida a nivel mundial del caso Rivera, aunque ya todo mundo sabía a grandes rasgos de qué se trataba la historia, era la primera vez que un integrante de aquella familia daba una entrevista así. Dónde iba a contarlo todo de un caso que había cimbrado al mundo entero, a todo lo que se conocía hasta el momento.

─ Cuéntame cómo ocurrió todo.

Emilio se removió en su asiento trago saliva y volvió a moverse nerviosamente.

─ Todo sucedió en aquella casa… ahí… ahí sucedió todo.

La voz de Emilio poco a poco inundó todo el lugar.

─ Desde que llegamos supe que había algo extraño en esa casa. Era como si… como si todo hablara, como si todo nos dijera que algo había pasado en ese lugar. Mis padres, mi hermano y yo mismo, todos podíamos sentirlo. Primero solo lo sentimos. Hasta el día en que también lo escuchamos. Eran susurros, cada madrugada se escuchaban susurros que provenían de las paredes, susurros que no paraban, no se detenían cada madrugada lo mismo. Después eran zumbidos, después gritos y lamentos.

─Emilio, sé que ustedes grabaron esto ─ interrumpió la doctora Smith.

─Sí ─ Emilio asintió ─ cuando todo esto no paraba, lo grabamos todo…

Las grabaciones ya las conocían todos, se había confirmado con expertos que eran completamente reales, algo que estremeció al mundo entero, incluso a los más escépticos en el tema.

─ Después de eso, ¿qué sucedió?

Emilio dio un suspiro, aún hablar de ello le costaba trabajo.

─ Las cosas empeoraron, bueno de cierta manera lo hicieron, las paredes empezaron a hablar.

La doctora Smith entrecruzó las piernas, si bien ella ya conocía cada mínimo detalle, tenía que volver a preguntarle todo, sobre todo eso que al ser dicho así podría hacer parecer que quién lo pronunciaba había enloquecido completamente.

─ ¿Cómo que las paredes empezaron a hablar, Emilio?

─ Sí, las paredes, bueno lo que se escondía en ellas nos empezaron a hablar a mi familia y a mí.

─ Aquello… aquello también lo grabaron, ¿no es así? ─ Preguntó la doctora Smith.

Emilio asintió. Inmediatamente la doctora Smith reprodujo las grabaciones; en ellas podía escucharse las voces tan nítidamente que resultaba escalofriante, eran voces mayormente de niños o al menos así se escuchaban. Algunas pocas también eran inentendibles, pero en la mayoría podía distinguirse claramente lo que decían y una palabra resaltaba entre todas, la palabra ayuda.

─ ¿Qué hicieron tú y tu familia?

─ No sabíamos qué hacer, estábamos aterrorizados, realmente aterrorizados. Entonces mi padre llamó a un sacerdote, pero todo era extraño, solo había susurros, voces, pero a nosotros no nos hacían nada, no era como aquellas historias que habíamos visto o escuchado dónde hay ataques o posesiones o cosas de ese tipo. En esa casa lo que sucedía era que las paredes hablaban, eso, solo eso, bueno también gritaban o se lamentaban.

El sacerdote estaba confundido, pero supo que lo que estaba ahí nos estaba pidiendo ayuda, quería decirnos, que supiéramos algo. Entonces fue cuando comenzamos a investigar aquella casa, lo investigamos todo.

─ ¿Y qué fue lo que encontraron? 

Emilio tragó saliva, observó de nuevo a la cámara y volvió a hablar.

─ Fue complicado, era como si no se supiera nada de aquella casa, mi padre la había comprado muy barata, una propiedad abandonada a las afueras de la ciudad. Era una casa de ensueño. Pero más allá de eso, nada.

Hasta que un día tuve un sueño, un sueño donde una de las paredes de mi habitación se abría y adentro había documentos, había sangre, había huesos. Les conté a mis padres y entonces tiramos esa pared y lo descubrimos: sí había papeles, muchos papeles, no había sangre y tampoco huesos, al menos no detrás de esa pared, pero si había muchos papeles…

─ ¿De qué eran esos papeles, Emilio?

─ Algunos eran ilegibles por el fuego, pero en otros podía leerse algo, tenían grabado “Proyecto “MZ” y hablaban de experimentos.

La voz de Emilio se quebró un poco, por primera vez tomó el vaso de agua que tenía colocado en un mueble a su lado y continuó.

─ “Proyecto MZ” experimentos con humanos… ─Agregó, casi no queriendo hacerlo.

La doctora Smith asintió, observó a la cámara para después hablar.

─El Proyecto MZ se ha negado durante toda la historia de la humanidad, se ha dicho que aquello tan solo es una teoría inventada, que aquellos experimentos nunca fueron realizados. Pero tú Emilio, tú afirmas que esos documentos hablaban de ello.

─Sí ─ respondió rápidamente ─ mi familia y yo los vimos y había fotos, fotos de lo que el gobierno les hizo a esas personas, a esos niños principalmente; algunos quedaron sin ojos, otros casi en los huesos, algunos más sin una parte de su cerebro, también fueron abusados, nosotros, nosotros lo vimo todo. 

─ Yo lo vi también ─ interrumpió la doctora Smith ─ Y ahora todos ustedes lo verán por primera vez.

Observó a la cámara donde el camarógrafo que grababa, la miraba confundido, aquello no estaba dentro del guion, si bien el mundo entero conocía los detalles del caso Rivera, desconocían todo eso. Nadie más, más que la familia Rivera y la doctora Smith sabían lo que aquellas paredes habían revelado. 

─ Ellos, el gobierno, experimentó con miles de personas en aquel lugar… aquel lugar que era una especie de hospital, experimentó para saber cómo controlar la mente de los humanos a través del dolor, del miedo, de la tortura y hoy todos seremos testigos de esta crueldad que se nos ha ocultado durante tanto tiempo ─ La voz de la doctora Smith sonaba seria, pero llena de rabia ─ ¿Quién pagará por estos crímenes? ¿Quién les hará justicia a la gente que está en esas paredes?

Entonces, la pantalla comenzó a mostrar los documentos y las imágenes, las cuales parecían sacadas de la peor película de terror; las imágenes también de la casa casi destruida con las paredes derrumbadas y con todos esos huesos saliendo a flote, huesos pequeños, de niños que no tenían ni 10 años de edad, otros huesos más grandes también.

─ ¡Corten, corten! ─ Se escuchaba que gritaban desesperadamente del otro lado de la sala.

─ ¿No ha llegado ya el momento de que paguen? ─ Se escuchó de nuevo la voz de la doctora Smith─ ¿Están seguros que ellos no siguen experimentando con nosotros?

Fue lo último que se escuchó antes de que la transmisión fuera cortada, aunque afuera apenas comenzaba, pues una muchedumbre enardecida tomaba las calles…

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Publicado por angieprainbow

Convierto lo roto en poesía. Un día escribí y ahora ya no puedo dejar de hacerlo.

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