El primer robot

Susan tuvo al primer robot de la humanidad con una especie de consciencia, por decirlo de alguna manera. No hablaba, todavía la tecnología no había avanzado tanto para que lo hiciera, pero claro que podía comunicarse. Lo hacía con ella más que con nadie. Susan tenía siete años y sus padres habían adquirido el robot, vendido como una especie de niñera para su hija. El primero en el mercado de todos los que estaban por surgir. Era la prueba, el beta. Tenían que asegurarse que cumpliera con todo para lo que había sido diseñado: cuidar a un niño.

El robot tenía nombre, claro que lo tenía, podía escucharse a Susan llamándolo constantemente: ¡Ellis! Le gritaba con emoción. Al principio el robot había llegado como caído del cielo para los padres de Susan, pues la cuidaba, se hacía cargo de ella, jugaba con ella, incluso hasta ayudaba a las tareas del hogar. Habían adquirido la mejor herramienta en sus vidas, no tenían ninguna duda.

Pero después de un par de años las cosas les estaban pareciendo diferentes, sobre todo a la madre de Susan quien al notar la devoción de su hija por aquel robot y sobre todo, quien al escuchar los comentarios de los vecinos, comenzaba a sentirse incómoda con la presencia de Ellis.

Los comentarios de los vecinos eran de todo tipo, murmuraban que el robot se comportaba casi como un humano, que junto a Susan parecía casi un niño más. Pero por supuesto que ellos no podían verlo como otro humano, no lo era y entonces no sabían que podía pasar por la mente de esa máquina, si es que acaso tenía una mente.

Entonces le prohibieron a sus hijos acercarse a Susan o más bien a Ellis, pero al estar siempre juntos era inevitable que la indicación incluyera a ambos. La madre de Susan comenzó a escuchar los murmullos, los comentarios llegaron a sus oídos y ella misma comenzó a ver a Ellis con sospecha. Lo cierto era que Susan sentía una enorme afinidad por él, cualquier cosa se la contaba a Ellis, quien con una atención casi devota solo movía su cabeza cuadrada de metal asintiendo o a veces negando, según fuera el caso. Susan le contaba cuentos, Ellis tenía su favorito y Susan solía chantajearlo con no contárselo cuando Ellis no hacía lo que ella quería. A veces incluso se enojaban el uno con el otro, Ellis alzaba los hombros y negaba y Susan fruncía el entrecejo, aunque a los pocos minutos ya estaban corriendo uno detrás del otro o Ellis ya estaba cargando a Susan quien reía sin parar.

La madre de Susan cada vez ponía más atención a todo esto, a su hija y al robot, a lo que hacían, no le quitaba los ojos de encima a Ellis. Y su mente se llenaba de todos esos pensamientos. A Ellis sólo le faltaba hablar, pero para ella era claro que sentía, si es que podía decirlo así. Y entonces los demás pensamientos también venían a ella: ¿y si Ellis podía hacerle daño a Susan? ¿Y si podía hacerles daño a ellos? Tragaba saliva ante todos estos pensamientos. Hasta que se los manifestó a su esposo.

Lo cierto era que estaba preocupada, su hija sólo quería jugar con ese robot, y ella ya no quería a Ellis cerca de Susan. Su esposo no estuvo de acuerdo, él sabía que ese robot había sido diseñado específicamente para eso, para ser una especie de niñera, lo revisaban constantemente, no había nada malo en él, al contrario, a todos les sorprendía las capacidades del robot ELI-25, el primero en su especie, era más de lo que habían imaginado. Aparte veía la felicidad de Susan al tener a Ellis en su vida, tal vez hasta él mismo le había desarrollado una especie de cariño al robot.

Pero la esposa insistió, los vecinos, la comunidad estaban asustados, ella misma cada día que pasaba al observar las interacciones de Susan y Ellis se asustaba y lo propio sería decir que se asombraba. ¿Ellis quería a su hija? ¿Su hija lo quería a él? ¡Pero era tan sólo un robot, una máquina sin emociones!

Tenían que deshacerse del robot, su hija iba cumplir 10 años y tenía que crecer como una niña normal, con otros niños no con máquinas y metales, aunque en el mundo la tendencia cada vez aumentaba a que la inteligencia artificial y las máquinas estuvieran cada vez más en la vida de los humanos, la madre de Susan ya no quería más a Ellis en su casa, se había empeñado en ello, Ellis se iría lejos de Susan. Le tomó tiempo convencer a su esposo, pero lo logró como solía suceder siempre. Le dijo que lo mejor para Susan era tener un perro, remplazar a Ellis por un ser vivo de cuatro patas.

Y entonces eso hicieron, un día mientras Susan estaba en la escuela devolvieron a Ellis y adquirieron al perro. Susan al llegar observó al perro y sonrió, le gustaban los animales en gran medida, así que aquello la puso muy feliz. Con rapidez buscó a Ellis, tenía que enseñárselo, tenían que conocer a su nuevo perro, podrían jugar los tres y al imaginar lo bien que la pasarían estaba extasiada. Pero pronto se cansó de buscar a Ellis, no estaba en su habitación, no estaba por ningún otro lado. La angustia la fue inundando cada vez más y entonces sus padres le dijeron que Ellis había desaparecido. Le contaron que habían salido por la mañana y al regresar, él ya no estaba.

Susan lloró desconsolada, corrió buscándolo de nuevo, gritando su nombre lo más fuerte que pudo y sin parar. Lo cierto era que los padres no se imaginaban que Susan iba a reaccionar así, no con esa magnitud. Su madre le dijo que ahora tenía un perro, que podía ocupar el lugar de Ellis, pero Susan se enojó, no quería ese perro, no quería nada más, ella quería a Ellis.

Los siguientes días fueron peor, Susan no quería comer, ya no reía ni contaba sus cuentos, ni era la niña feliz que solía ser. Ya no jugaba, la tristeza se había apoderado de ella.

Su madre dijo que con los días todo pasaría, que los niños así eran, sólo tenían que entretenerse con algo más, remplazar a Ellis. Pero el perro no sirvió para ello, Susan lloraba cada que lo veía y entonces el perro fue devuelto.

El padre de Susan se sentía culpable, llegó enojarse en gran medida con su esposa, ¿por qué le había hecho caso y habían devuelto a Ellis? ¿Porque le había mentido a su hija? Ellis no había hecho absolutamente nada malo, al contrario.

Los días pasaron y pasaron y Susan no parecía olvidar a Ellis, por supuesto que la vida tenía que seguir y eso sucedió, la vida continuó, pero Susan había cambiado ya para siempre. Era como si le hubieran arrebatado algo dentro de ella, ahora la nostalgia la acompañaba en todo momento.

Susan se limpió las lágrimas al recordar aquello. Ahora tenía ya casi 30 años y el recuerdo de Ellis seguía a su lado. La vida había avanzado, la tecnología mucho más, los robots ya hablaban, hacían absolutamente todo lo inimaginable. Susan tenía sus propios robots también, eran parte de su vida, podría decir que incluso los quería y tal vez, aunque no podía saberlo, ellos la querían a ella también.

Pero de vez en cuando no podía evitar visitar aquella fábrica, ahí donde yacían los restos de aquel que había sido su primer amigo, ese que ya se había oxidado años atrás, pero que tampoco la olvidó. No podía evitar recordar todos esos momentos cuando le contaba aquella historia que era su favorita y Ellis la observaba con sus ojos metálicos, asintiendo y pareciendo casi sonreír, no hablaba, pero para Susan en aquel momento no hacía falta nada más.

Susan había tenido al primer robot con conciencia en la historia de la humanidad y nadie más que ellos dos, lo habían comprendido todo.

FIN…

Publicado por angieprainbow

Convierto lo roto en poesía. Un día escribí y ahora ya no puedo dejar de hacerlo.

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