Los Perros

Los perros un día empezaron a hablar. Fue de pronto, como si se hubieran cansado de guardar su secreto y un día decidieron confesarlo todo al fin; dijeron los nombres de sus dueños y los de la calle pidieron de comer.

Las cosas entonces se salieron den control, algunas personas se volvieron locas, no podían creer lo que estaban viendo y escuchando, sus perros, los perros de otros, los perros de nadie, todos los perros hablando, otros riendo, otros reclamando los malos tratos también.

Algunas otras personas creyeron que el diablo había llegado al fin, o tal vez era que ya estaba, pero había tomado el control sin tapujos y se había adueñado de los perros. Entonces creyeron que los perros estaban malditos, que se habían posesionado de ellos y los rezos y las misas no pararon. Pero los sacerdotes dijeron que no era suficiente, tenían que quemarlos a todos, así como lo habían hecho muchos años atrás con las brujas y con los no creyentes y con los deformes y con los raros.

Se organizaron para hacerlo también con los perros, pero los perros no se dejaron y no podían con todos tampoco, la gente no se había dado cuenta que había miles y miles de perros, cada vez más y que ahora hablaban y podían defenderse.

Habían también otras personas que hablaron con ellos, entonces les preguntaron cómo habían aprendido a hablar, si conocían el significado de las palabras y un sin fin de preguntas más. Los perros intentaron responder todas y cada una de ellas. Incluso dijeron cosas que los humanos no alcanzaban a entender, era como si los perros supieran cosas que para los humanos eran inentendibles, desconocidas y casi irreales, aunque hablaran el mismo lenguaje. Pero los perros las sabían todas y cada una.

Entonces los humanos creyeron que iban a extinguirse, bueno, muchos humanos lo creyeron, la gran mayoría, creían que los perros habían evolucionado tanto, mucho más que ello y que iban a dominarlos.

Los gobiernos fueron los principales dispersadores de esa teoría, tuvieron reuniones interminables dónde se abordaba únicamente ese tema, ¿qué harían con los perros? Todos llegaban a la misma conclusión: tenían que detenerlos antes de que fuera demasiado tarde.

Los perros podrían adueñarse de todo, del dinero y de las cosas, de los países y de los territorios, incluso de ellos mismos, de los seres humanos, no, no podían permitirlo.

Los perros no entendían qué era lo que estaba pasando, ¿que acaso no podían compartir el mundo como lo habían hecho durante esos siglos? ¿Por qué cambiaba todo solo porque ellos podían hablar?

Entonces los gobiernos y la mayoría de las personas se unieron, sí, eran muchos perros, pero eran más humanos y los humanos tenían armas poderosas. Aparte que los perros que no eran de la calle no podían permitirse hacerle daño a ningún humano. Era como un código de honor.

Los humanos lo aprovecharon, aprovecharon la ventaja y se deshicieron de ellos. Uno por uno, los de la calle fueron los más difíciles, pero ellos no tenían armas ni bombas ni veneno. Los perros solo tenían su mente y su bondad y su voz. Pero los humanos no podían compartir el mundo con seres que supieran cosas que ellos desconocían.

¿Cómo podían permitirlo? ¿Y si los perros un día decidían matarlos? Tenían que adelantarse a cualquier cosa.

Después de más de cinco años lo lograron: los perros desaparecieron por completo y todo volvió a ser como era, a excepción de que ya no había perros. Incluso se prohibió hablar sobre ellos, sobre lo que sucedió, sobre que un día los perros hablaron.

Pero aquellos que hablaron con los perros no han podido olvidarlos nunca, no han podido olvidar sus palabras, las que no pudieron entender y las que entendieron. Las oyen cada noche y al despertar, martillandoles la cabeza. Las lágrimas no pueden evitar asomarse cuando recuerdan a los perros y lo que les dijeron…

«Siempre pudimos hablar, solo que no queríamos asustarlos».

Publicado por angieprainbow

Convierto lo roto en poesía. Un día escribí y ahora ya no puedo dejar de hacerlo.

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