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LA GEOINGENIERÍA ERA UN URÓBORO / CICLO SIN FIN

La geoingeniería había sobrepasado los límites. Había ocurrido lo que suele ocurrir con casi cualquier cosa que el ser humano había creado, pronto se había perdido el control. Como si las cosas creadas de pronto cobraran vida propia.

Entonces pronto las lluvias se habían vuelto tormentas imparables, después huracanes y tornados. En los lugares donde tenía que hacer calor llovía y nevaba, y donde tenía que llover, las tormentas solares se habían multiplicado.

La geoingeniería era imparable. La habían usado primero para obtener beneficios: hacer llover y tener buenas cosechas, ayudar en los duraderos tiempos de sequías, pero pronto, viendo su poder, la habían usado también para asustar, para sembrar el miedo, eso les gustaba mucho. Un huracán imparable; la gente entonces engañada, ya sabía que la naturaleza podía actuar en cualquier momento creyendo que todo era natural y de pronto todo aumentó; más catástrofes naturales y más miedo convertido en terror.

Después la usaron como un arma casi de guerra. Aunque si era una guerra que no era llamada guerra. Países azotados por las intemperies implacables, hasta que llegó ese momento que iba a llegar tarde o temprano, ese momento en el que todo se salió de control.

Los rascacielos de Australia y Nueva York destruidos por tornados, los desiertos congelados y las selvas ardiendo en el fuego; los campos destruidos y todas y cada una de las ciudades convertidas en mil pedazos. Japón, Londres, Argentina y Sudáfrica. Todo, absolutamente todo hecho pedazos.

No hubo tiempo de avisar que todo se había salido de control, o tal vez si lo hubo que era lo más probable, pero haber avisado a las personas habría sido aceptar la manipulación del clima para sus fines más perversos y tal vez con eso, aceptar también todo lo demás. Así que nadie pudo correr, ni una sola alma, no hubo donde esconderse de la furia de la geoingeniería buscando su propia destrucción. Nadie pudo, no había a dónde ir, a excepción de ellos, ellos se escondieron y también sabían a dónde debían ir…

A otro planeta tal vez, otro planeta que ellos en el fondo sabían que va a terminar igual. Porque no pueden detenerse, porque nunca tienen suficiente y el poder es como una voz que les susurra cada noche, un fantasma que no los deja dormir, un espectro dentro de ellos.

Ellos lo sabían y por eso eran infelices. Ellos sabían que son como las serpientes uróboro y pronto terminarían por comerse su cola una vez más.

Se fueron volando en sus naves, dejando la destrucción de la tierra atrás, observando todo con una sonrisa falsa en el rostro; se fueron a ese otro planeta y ahí, todo va a empezar de nuevo.

Ellos saben que hoy y siempre, en cualquier planeta al que lleguen, no importa que hagan las cosas diferentes, no importan sus intentos, ellos nunca estarán a salvo. Todo es y será solo un ciclo sin fin.

Publicado por angieprainbow

Convierto lo roto en poesía. Un día escribí y ahora ya no puedo dejar de hacerlo.

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