Los perros no van al cielo, ellos ya son el cielo.

Perder a un perro es comprender que el amor y la amistad no conoce de nada, da igual el aspecto, el tamaño o la especie, es un sentimiento puro que cuando se siente no hay vuelta atrás.

Es saber que Mia aunque esté ya no está,

es buscarla en cada rincón esperando ver sus enormes ojos de amor observando fijamente y al final no encontrar nada más, solo su recuerdo golpeándome la cabeza sin parar.

Es como sentir un hueco en el fondo del pecho, aunque esté riendo a carcajadas, es voltear al pasado y ver que casi 10 años se han ido como el agua.

Es sentir su olor, ver sus pelitos en mi ropa y en el sofá y cerrar los ojos esperando que nada se me vaya a olvidar.

Es no poder dormir en la madrugada, despertar y pensar y pensar, saber que la noche y la tristeza son mejores amigas y van a estar un tiempo visitándome sin que yo pueda meter las manos para poderlo evitar.

Es ver sus fotos una y otra vez y sonreír con las lágrimas atoradas en los ojos.

Es recordar su libertad, era una sola con el viento, era más un gato viviendo como quería, es quererla y por eso mismo, imitar para siempre su libertad y bondad.

Es recordar el nombre de los otros perros que también ya no están y llorar de nuevo por todos, juntando lo acumulado en el pecho para que al fin todo salga lleno de olas, sacudiéndome el cuerpo, pareciendo el mar.

Es recordar que la vida casi siempre es una despedida sin fin, con pequeños momentos que casi siempre parecen eternos.

Es entender con el alma desgarrada y el cuerpo adolorido que dejar ir es tal vez, la mejor muestra de amor.

Perder a un perro es perder un pedazo propio, haberle dado tu corazón y saber que una parte ya no estará.

Es extrañar sus ruidos y su felicidad, sus besos y sus gruñidos, es comprender cómo es el amor en verdad.

Es saber que está en cada estrella y que no hay mejor manera de amar que esa; amar como un perro ama.

Es saber que conocí el cielo en la tierra, porque los perros no van al cielo, ellos ya son el cielo visitándonos un momento y dejándonos entrar al paraíso.

Perder a un perro es saber que si existe el cielo, ese tuvo que haber sido hecho para los perros.

Publicado por angieprainbow

Convierto lo roto en poesía. Un día escribí y ahora ya no puedo dejar de hacerlo.

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