De los volcanes y las llamas

Hacer el amor contigo es ver volcanes; sentir el temblor en cada parte minúscula de la piel que me conforma, es ser llamas y que el fuego encuentre su lugar.

Tú estás toda hecha de volcanes; esos que se ven en el azul de tus pupilas, que, aunque el agua y el fuego sean opuestos, en ti son amantes incansables.

Llevas el volcán también en el cabello, y entonces cuando lo toco yo me quemo de nuevo, me siento arder y mis manos solo se apaciguan en tu agua,

tú me la das toda a beber, tu sexo se convierte en la fuente que me quita la sed y el mío como siempre, ya lo sabes, es tu lugar, ese que conoces como me conoces a mí, lo lees como quien se sabe su libro favorito de memoria.

Tienes los volcanes en las piernas y me atrapan como llamas, el fuego se multiplica en mí y nos pasamos toda la tarde haciéndonos combustión.

Los volcanes se te asoman por las manos, y dices que el fuego solo se apaga en mi piel, entonces con tus yemas me descubres de nuevo; ya me conoces en todos los lugares y los ecos, en las posiciones y las ganas, pero siempre es como si fuera la primera vez.

Cuando me tocas yo siento planetas de fuego, encuentro lo que creí perdido y mis piernas al fin no quieren correr, porque contigo cada huida es tan solo un regreso, porque contigo los orgasmos se transforman en poemas y entonces yo ya no puedo parar de escribirte.

Llevas los volcanes en el cuerpo, en el lunar debajo de tu ombligo, ese que recorro con los dedos y que me parece un hogar donde guardar mi pecho. Los volcanes están en tus pies, es que cuando caminas así desnuda es como si el fuego se hubiera convertido en una aparición divina, y te veo y sonríes como si leyeras mi mente y me estuvieras cantando la poesía.

Caminas entonces de regreso, sintiéndote dueña de mí y admitir que lo eres es más difícil que besarte, entonces mejor te beso sin parar. Tú besas mi espalda y susurras palabras que guardo en secreto, palabras que tú y yo nos decimos siempre sin decir, palabras que a veces convierto en poesía, porque ya sabes que yo conocí a la poesía escribiendo para ti…

Eres un volcán interminable; nunca te apagas, eres toda de fuego, lo sé porque tu boca lo dice, tu lengua y tu saliva queman, tu aliento caliente en mi cuello es mi viaje favorito.

Tú lo sabes y me besas; porque tener sexo contigo es besarnos los miedos y abrazar al tiempo, alargar el tiempo en nuestros cuerpos, volver a los segundos, horas, y que las despedidas en nuestra piel se vuelvan nuevos comienzos. Es salvaje pero también es suave, es rápido y lento, es con dientes y mordidas, es intenso y calmo, con uñas clavadas para convertirse en manos entrelazadas y ojos llenos de risas y de lágrimas.

Tu libertad se parece mucho al fuego; es intensa, incandescente, necesaria,

tu libertad y la mía se llevan bien, hacen las paces y juntas son imparables.

Parecen volcanes explotando que nadie puede detener.

Despertar a tu lado, es despertar con el sol, despertar después de no dormir nada para no dormir otra vez, ver tu cuerpo desnudo junto al mío, jugar con las sábanas, bailar con tu piel, sentir tu pecho en el mío, dejar que llegue la noche otra vez y nos haga cantar. Es que escuchar tu risa chocando en cada pared es escuchar volcanes, tu risa, mi amor, es como ese mesías salvador.

Los volcanes están en ti; ya no importa lo que pase, yo ya sé cómo se sienten los volcanes en mí.

Publicado por angieprainbow

Convierto lo roto en poesía. Un día escribí y ahora ya no puedo dejar de hacerlo.

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