La muerte es un acto poético

¿Por qué nos morimos? Me estaba preguntando el otro día, uno de esos días donde las preguntas sin respuesta se aparecen como fantasmas y te sujetan aunque tú no las veas, pero sientes un escalofrío que te recorre toda la médula y lo sientes también en el alma.

Entonces pensé y pensé, intentando encontrar la respuesta; me fui a lo más racional, leí a la biología y sus explicaciones, al envejecimiento y el paso del tiempo, pero entonces me encontré con que, incluso para la biología y la ciencia, morir aún es un misterio. Y como suele sucederme, mi curiosidad no encontró satisfacción.

Recurrí entonces a la filosofía, leí sobre el reposo que es la muerte, el sueño para volver a despertar y la alegría que esta puede representar, reflexioné entonces, sin dejar de observar el cielo, sobre eso que los filósofos llaman “aprender a morir”.

Dudé, la respuesta tampoco fue suficiente.

Después también me fui a la metafísica y a la espiritualidad; vagué por el alma y la reencarnación, pasando por la inmortalidad, hasta llegar a los tibetanos e incluso hasta Dios.

Aun así, mi mente no estaba satisfecha, la pregunta no dejaba de sonar en mi cabeza y transitarme por los ojos, ¿por qué nos morimos? Me susurraba la risa de los niños y el llanto de las madres, las aves con sus cantos y también lo hacía el bosque detrás de mi casa.

Entonces hice lo que mejor sé hacer, tomé una pluma y un papel y usé a la poesía para que me contestara la pregunta. Pero en vez de eso, la poesía llena de vergüenza me confeso que hay cosas que aunque quiera, no tiene las respuestas, se puede escarbar y escarbar en el fondo, recurrir a los adivinos y magos, leer todos los libros del mundo y observar el cielo esperando encontrarlas. Se puede escuchar las canciones repasándolas una y otra vez, meditar o incluso ir a un retiro espiritual en la India, se puede preguntarles a las personas en la calle o intentar encontrar la respuesta en los ojos de los animales, pero nada será suficiente, no hay respuestas, nunca las habrá.

Yo no pude dejar de pensar en la muerte, no pude dejar de pensar el por qué de su existencia; por qué de las lágrimas de una madre que acaba de perder a su hijo pequeño o del niño al que vio morir a sus padres y ahora ya no tiene a nadie, o de ese hombre de casi setenta años a quien se le murió su esposa con quien había compartido la vida entera.

Pensé en lo que viene después, en eso que tampoco nadie sabe, en lo que sucede después de morir. Pensé en los gusanos y la tierra, en el fuego y los huesos, en las fotografías que se quedan como único recuerdo.

Es que cuando la muerte aparece, la vida solo nos parece una mala broma, yo no entiendo a la muerte; no entiendo el dolor que trae en los ojos y el terror que se siente cuando se puede llevar a alguien que amas, cuando se lo lleva y no puedes ni siquiera decir un último adiós, nunca la entiendo, la muerte solo es una mala broma que nadie entiende. Ni siquiera la poesía entiende a la muerte, no la comprende y por eso le escribe de vez en cuando.

Después de pasarme la tarde pensando, la poesía me susurró al oído su respuesta, yo cerré los ojos y al fin mi curiosidad se sintió satisfecha;

la muerte solo es un acto poético.

Publicado por angieprainbow

Convierto lo roto en poesía. Un día escribí y ahora ya no puedo dejar de hacerlo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: