El mundo sería mejor si todos amáramos como aman los perros

Hace mucho quería escribirles un poema a mis perras, a cada una de ellas; hablar de sus ojos sumergidos en la bondad, de que aún sin que puedan hablar ellas lo dicen todo con la mirada, de como me han enseñado lo que significa el amor.

Quería hablar de cada una de mis perras, de las primeras que tuve y que hoy aquí ya no están, que desde que tenía cuatro años estuvieron a mi lado. Que vivieron tantos años y que con ellas tuve que aprender por primera vez a decir adiós para siempre. De la otra también, esa que murió a los pocos meses y en los brazos de mi papá, de cuando lo vi llorar como pocas veces lo he visto.

Quería contar de cómo ellas me han hecho ser más humana, con sus orejas, sus travesuras y con la casa llena de pelos.

También quería escribirles a las que tengo ahora, especialmente escribir de esa que recogimos en la calle y que parece mi alma gemela, con sus orejas tan largas y su pelo manchado, esa que desde que llegó no dejó de cuidarme ni un solo día, de esos cuando me recuperaba de ese accidente, esa que estuvo a mi lado cuando yo no podía ni caminar. Que cuando despertaba ella estaba a mi lado y me observaba como diciéndome “no te preocupes, aquí estoy contigo”.

Quería escribirle a cada una, a sus nombres chistosos y a sus formas de ser, cada una tan peculiar; decir que son como niñas, que solo saben amar y que me hacen querer ser así.

Quería escribir sobre ellas y ellos, escribir sobre los perros, sobre lo importante que son, decir que no hay versos, ni libros, ni poesías suficientes que hablen de ellos. Que las palabras no alcanzan para decir todo lo que se puede aprender de esos seres de cuatro patas; que la gente lo sepa, que ellos nos enseñan tantas cosas. Nos enseñan que a veces las palabras salen sobrando cuando todo se demuestra con los ojos y los besos, que nos enseñan el significado verdadero de la lealtad y el amor, que la bondad es infinita como lo son sus ojos, que nos enseñan también la importancia del tiempo y que éste dura muy poquito, que el tiempo se pasa tan rápido, así como sus años. Ellos nos enseñan a amar, y hay que aprender a amar como ellos, porque el mundo sería mejor si todos amáramos como aman los perros.

Quería escribirles todo eso y ahora que al fin lo estoy haciendo, me doy cuenta que ni siquiera todas las palabras serían suficientes para poder decirles todo lo que ellos ya dicen, sin siquiera hablar.

Publicado por angieprainbow

Convierto lo roto en poesía. Un día escribí y ahora ya no puedo dejar de hacerlo.

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